Hace ya muchos años que el hombre intenta desesperadamente luchar contra esta epidemia que, desgraciadamente, cada día es más variada y no para de devastarnos con más de 200 tipos diferentes y con la única ayuda de nuestro ingenio y la confianza de que una vida sana y moderada puede prevenirlo. El CÁNCER es lo peor que le pudo pasar a la humanidad, teniendo en cuenta la cantidad de virus y enfermedades a lo largo de la historia, esta bestia compleja se lleva 171,2 personas por cada 100.000 (datos del 2008 al 2012).

Un nuevo estudio, desarrollado por la Universidad de Stanford, apuesta plenamente por la inmunoterapia (Inmunización pasiva de un individuo mediante la administración de anticuerpos específicos) en vez de por la destructiva quimioterapia. Este estudio asegura que la inmunoterapia es más precisa que la quimioterapia, que se dirige indiscriminadamente a todas las células de nuestro cuerpo.

En este estudio, el equipo de científicos usaron dos agentes inmunoestimulantes, inyectados en pequeñas cantidades directamente sobre los tumores de los ratones. Además de comprobar que el tumor se destruía por completo, los restos del cáncer también se eliminaban con él, incluso en partes del cuerpo donde este cáncer ya había hecho metástasis hacía ya tiempo.

El trabajo, publicado recientemente en la revista de divulgación científica Science Tranlational Medicine concluye que: “recientemente se ha hecho evidente que el sistema inmune puede curar el cáncer. […] Al menos en ratones, esta nueva técnica puede curar múltiples tipos de cáncer y prevenirlos genéticamente.

Para explicarlo a grandes rasgos, sólo decir que este tratamiento funciona igual que otros muchos basados en la inmunoterapia: estimulando las células T del cuerpo. Estas células T son los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco que juega un papel fundamental en el tratamiento de infecciones comunes. En el tratamiento se introducen dos tipos de agentes en el foco infectado, un “ayudante” y un “asesino”. El primero ayudará al desarrollo de anticuerpos y el segundo aniquilará las células dañadas o infectadas.

Estas células T son excelentes para detectar y tratar células anormales, pero tienen cierta dificultad cuando se trata de células cancerosas. Como son versiones corruptas de nuestras propias células, esto significa que están algo camufladas. Incluso cuando las células T reconocen la amenaza creciente, a menudo no pueden destruirla, ya que prolifera a través del cuerpo.

Como estos agentes están directamente emplazados dentro del tumor, solo las células T en su interior se activan de esta manera. De esa forma, están entrenados para reconocer inmediatamente cuál es la amenaza y, después de destruir el tumor, nadan por el cuerpo y borran sus restos en otro lugar.

Las pruebas fueron muy satisfactorias, ya que de 90 ratones infectados con linfoma (un tipo de cáncer inmune), 87 de ellos se curaron completamente. De estos 87 ratones curados, 3 volvieron a recaer, pero se curaron definitivamente con un segundo tratamiento.

Otros tipos de cáncer, como el de mama o el de colon tuvieron resultados un poco más diversos que el linfoma. Mientras el de mama parece responder adecuadamente al tratamiento el de colon pareció no afectarle, por lo que parece descartado este tipo de tratamiento para este cáncer en concreto.

Los estudios que funcionan bien en ratones no garantizan el éxito en pacientes humanos, aunque el hecho de que cada uno de los dos tratamientos individuales utilizados en este estudio se encuentran actualmente en ensayos clínicos y que ahora están reclutando para los primeros ensayos en humanos es alentador […] no todos los tumores serán accesibles para inyección; muchos tumores requieren cirugía primero […] si este tratamiento se usa junto con la cirugía y esto puede prevenir la formación de metástasis o tumores secundarios, entonces podríamos mejorar en gran medida la esperanza de vida y las tasas de curación de los pacientes” aclara Aimee Eckbert, estudiante del doctorado en biología del cáncer de la Universidad de Sussex, que no participó en este estudio.

Sin duda alguna un gran paso para la lucha contra el cáncer, aunque no el definitivo.

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