Aunque polémico, este se ha convertido un hito en la historia de la ciencia moderna, ya que la madre, una mujer de 32 años, había recibido el útero de un cadáver. La primera vez que se hacía este tipo de procedimiento.

La madre tenía intactos los ovarios pero carecía de útero

Una enfermedad congénita por la cual esta mujer había nacido sin útero, no la privaba a desarrollar los óvulos normalmente que sus ovarios estaban intactos.

La donante era una mujer de 45 años que había fallecido a causa de un derrame cerebral y, en una complicada operación de más de 10 horas, su útero fue trasplantado con éxito al cuerpo de esta joven mamá que necesitó en todo momento de dosis altas de fármacos inmunosupresores para evitar el rechazo del nuevo órgano.

Posteriormente, unos siete meses después, se le implantaron uno de sus óvulos, previamente fecundado, el cual logró desarrollar el feto en perfectas condiciones, bajo la escéptica mirada de los propios científicos que lo llevaron a cabo, ya que este tipo de intervenciones suelen acabar en fracaso.

10 donantes fallecidas, 0 casos de éxito

Claro está, que esto presenta un nuevo reto en la regulación de parámetros morales que todo nuevo proceso científico de esta envergadura conlleva, pero lo cierto es que es la primera vez que un trasplante de útero proveniente de una donante ya fallecida acaba con el nacimiento de un bebé sano.

En el pasado ya se habían realizados varias trasplantes de útero de los cuales muy pocos llegaban a buen puerto, pero con donantes ya fallecidas, esta es la primera vez en la historia que un bebé nace sin “complicaciones graves”.

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